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DE CASO EN CASO HASTA CUENCA

Cuando uno llega en coche, desde el exterior tan solo se ve una enorme nave industrial azul en un pueblo que no llega al millar de habitantes cerca de la provincia de Guadalajara. Sin embargo, en el interior se acumulan miles y miles de cajas en los que se mezclan divorcios, asesinatos, concursos de acreedores y despidos improcedentes, entre otros muchos casos.

Esta nave custodia los archivos judiciales de la Comunidad de Madrid. Si se pusieran uno detrás de otro todos estos archivadores sumarían 172 kilómetros, o lo que es lo mismo, la distancia que separa Madrid de Cuenca por carretera.

Por fuera, este inmenso contenedor de papel —al que por primera vez accede un medio de comunicación— pasa completamente inadvertido. No hay nada que haga suponer que una empresa privada, ganadora de un concurso público, guarece tanto secreto, tanta historia particular anónima. Las medidas de seguridad son enormes. Solo pueden entrar el centenar de empleados que están acreditados. Antes de ingresar se comprueban sus antecedentes y si dan el perfil adecuado. El recinto, de 30.000 metros cuadrados, está vallado y tiene vigilancia durante todo el día.

La forma en que llegan los expedientes de los juzgados es muy simple, en principio, pero garantiza la seguridad al más alto nivel. Los distintos juzgados de la región avisan a esta empresa, que manda a una persona para que lo recoja en su propia sede. Los empleados judiciales asignan un número a la documentación que entregan, que no se corresponde con un número de expediente o caso concreto. Cuando llegan a la nave industrial, se meten en unas cajas especiales de cartón que soportan un gran peso y con una capacidad de unos 1.500 folios. La empresa le adjudica un número y le pone un código de barras. Carece de cualquier símbolo exterior que permita su identificación. A partir de ahí, cae en el limbo. “Es el caos organizado, donde sabemos en todo momento donde está la caja. Nosotros nunca sabemos lo que contiene”, afirma un responsable de la empresa.

En la nave no solo hay archivos de la Comunidad de Madrid. También hay papeles de bancos y cajas de ahorro, hospitales, empresas privadas de los más diversos sectores,... Todas las cajas están mezcladas y clasificadas de forma que nunca se sabe a qué sitio exacto va a ir a parar un proceso judicial. “Algunos clientes nos han pedido que les asignemos un lugar concreto dentro de la nave, pero eso no va con nuestros estándares de seguridad. Alguien podría saber dónde está ubicado un expediente en concreto”, relata una responsable de la empresa que custodia los archivos.

Si el juzgado quiere recuperar la información de un expediente, tan solo tiene que saber en qué carpeta de su numeración se encuentra. Necesita mandar un fax o un correo electrónico a esta empresa y al día siguiente lo tendrá en el juzgado. “Nosotros miraremos en qué caja está custodiado y un empleado irá a ella para recogerla y ponerla en circulación”, explica el responsable de la empresa. En caso de que fuera muy urgente, la documentación podría llegar entre dos y cuatro horas al lugar que la demande. Las furgonetas de reparto van dotadas de GPS para recuperarlas en caso de robo.

El número de entradas en lo que va de año ha sido de 38.392. Las consultas —la devolución de parte de la documentación depositada— han llegado a las 68.985, un 10,4% respecto a 2013. Desde 2010 a 2014, la solicitud de consultas se ha duplicado, según datos de la Consejería de Presidencia y Justicia de la Comunidad de Madrid. Muchos casos llevan más de 20 años, mucho antes de que el Gobierno regional (PP) se hiciera con las competencias.

El presidente del Tribunal Superior de Justicia de Madrid (TSJM), Francisco Javier Vieira, ya alertó este verano, durante la presentación de la memoria de 2014 de su institución, de las enormes dimensiones que estaba alcanzando este archivo. De hecho, hizo un llamamiento para que la llamada junta de expurgo (el organismo encargado de eliminar los casos más antiguos) agilizara su trabajo para aliviar tanto papel.

¿Cuál es el caso más antiguo que se guarda en esta nave? Resulta imposible saberlo. Los jueces son los que deciden en última instancia durante cuanto tiempo se guarda un proceso. Siempre está el temido recurso de revisión que puede reabrir un caso durante el periodo en que una persona esté cumpliendo condena. Esto, en la práctica, supone muchos años e incluso varias décadas.
Extrema privacidad

La privacidad llega a tal punto que se ha dado el punto de que un juez se ha presentado en la nave para recabar unas carpetas por una investigación en curso y no se la han podido facilitar. “Nunca sabemos qué hay dentro de las cajas. Tan solo podemos garantizar que hay papel”, aseguran los responsables de la empresa. El celo es tal que durante la visita no dejaron que se hiciera una fotografía de las carpetas de los juzgados madrileños. “Cada caso es propiedad de los juzgados”, sentencian para evitar problemas.

Si algo llama la atención al visitante es el silencio que se respira en la nave. Su altura, cercana a los 15 metros, y su profundidad hace que se almacenen toneladas y toneladas de papel. Para evitar los incendios, hay 1.046 detectores y 10.000 rociadores de agua que actuarían de forma muy puntual si la temperatura subiera de 60 grados. La nave, que cuenta con un depósito de 500 metros cúbicos de agua, tan solo tiene presencia de los trabajadores. Con una única excepción: Dallas, un pastor alemán de siete años que hace la ronda por la noche con los vigilantes.