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Hay heridas que no sanan en décadas: Leopoldo Brizuela

Entrevista a: 
Brizuela, Leopoldo
Fecha: 
14/10/2012

Dice que ganar el Premio Clarín, en 1999, fue determinante para usted. ¿Por qué?

Porque yo tenía sólo 36 años y porque en el hecho de ganar premios hay un aspecto que muy pocas veces se destaca, y es que uno ha escrito durante mucho tiempo, sin que nadie se lo pidiera y sin que nadie lo entendiera demasiado. De pronto, hay tres escritores que leen tu obra, les gusta y deciden incorporarte al gremio. Es como la confirmación de que esa actividad solitaria no fue en vano. Por supuesto implicó también publicar en la prensa y ganarme la vida con la Literatura. Ahora, el Premio Alfaguara constituye otra etapa para consolidar una vida y dedicarla, con mucha más seguridad, a escribir.
En su novela trata un tema muy sensible: la bota militar en la Argentina, la misma que aplastó todo el Cono Sur, en su momento. ¿Las experiencias de esos países son equiparables?

Resulta interesante analizar esto porque, una cosa es saber que en cuanto a dictaduras las realidades latinoamericanas se parecen, o que la policía está corrupta en muchos de nuestros países, y otra cosa es vivir los acontecimientos ‘in situ’ y comprobar lo que sucede. Sin embargo es cierto que el sentimiento de las gentes respecto a estas tragedias es muy parecido y no tiene fronteras.
¿Y, al mismo tiempo, es unificador?

Sí y muy profundo. Mi novela trabaja no solamente con grandes sentimientos sino también con experiencias muy pequeñas, de esas que no entran a la historia. Casi lo más importante para mí es cuando los periodistas apagan la grabadora y cuentan experiencias muy parecidas al tema de la novela. Ese es el mejor elogio, porque sé que al mismo tiempo que literatura, estoy produciendo memoria.
El tema no sólo es interesante sino misterioso, por ejemplo el episodio de su niñez cuando, mientras usted toca el piano, asaltan su casa, usted sigue tocando, y, luego, olvida el hecho para recordarlo 34 años después, cuando vuelve a ocurrir en circunstancias idénticas. ¿Es ficción o es un hecho real?

Le voy a contar lo que sucedió: en el pueblo existían unos procedimientos policiales que se llamaban ‘Operativos Rastrillo’: cercaban una cuadra y entraban en todas las casas para asaltarlas. Cuando nos llegó el turno a los de mi familia, los hombres obligaron a mi padre a ir por la casa abriendo cuartos y armarios y encendiendo luces. A mi madre un tipo armado le apuntaba en otra habitación y a mí, que estaba sentado al piano, me apuntaba con su arma, otro matón. Estaba solo con él y resolví ponerme a tocar el piano. Yo había olvidado ese episodio y -fíjese en el poder de la literatura- lo recordé leyendo a Marcela Sola, en El Silencio de Kind, donde hay una concertista exiliada que toca en un concierto para los militares. Ella tiene la esperanza secreta de quedarse a solas con alguno de ellos y preguntarle por el destino de una hermana desaparecida. En una escena memorable, ella se desmaya y viene tremendo lío.

Cuando recordé el episodio que había vivido, me di cuenta del significado profundo que eso tenía, y de todo lo que prometía narrativamente. Solo recuperé esa memoria con intensidad y con la decisión de escribirla, cuando, en otras circunstancias, 34 años después del primero, presencié el otro asalto que narro en la primera escena de mi novela, que es una mezcla de realidad y ficción.

Por Margarita Vidal Garcés