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"La novela negra se ha vuelto una buena manera de hablar de los temas políticos"

Entrevista a: 
Roncagliolo, Santiago
Fecha: 
12/06/2014

Santiago Roncagliolo fue uno de los invitados a la Filbo versión No 27. Sus comentarios fueron de los más escuchados, junto con un grupo muy nutrido de literatos, artistas, e intelectuales. La feria se vistió de Perú, el país invitado. Se vistió y hubo comida, esencial, para un país obsesionado con la gastronomía. El plato fuerte su nobel, y muchas entradas y salidas. Sobre todo de letras. Santiago es uno de los que ha hecho historia con sus libros: escribió sobre Sendero luminoso, pero también para niños y jóvenes. Incursionó en el terreno de la novela negra y ha ganado múltiples premios. También ha sido un periodista y cronista permanente. Ha vivido dos modos de exilio: uno de joven en su propia casa cuando se confinó por la violencia en su país y otro voluntario al irse de su patria. Hablamos de libros,

En literatura hay una tendencia, a propósito de la muerte de Gabriel García Márquez, con eso de que el realismo mágico es superado, por el Mc Ondo de Alberto Fuguet, por La trilogía sucia de Pedro Juan Gutiérrez, por Relato de un asesino de Mendoza, por Abril Rojo de Santiago Roncagliolo. ¿Qué considera de esa literatura descarnada, brutal, del suburbio que narra la violencia, qué piensa usted sobre esta manera de escribir?

Bueno, que narra lo que vivimos, todos contamos lo que vemos, y la realidad es sucia; yo no solo hago eso. Pero creo que después, sobre todo de la guerra fría, la novela negra se ha vuelto una buena manera de hablar de los temas políticos, porque hasta el año 90, tú estabas de un lado o de otro, eras capitalista o comunista, era como un partido de fútbol; ahora la realidad se ha vuelto más gris, más ambigua, es más difícil juzgar a lo grande como hacían ellos, aferrarse a grandes verdades. La novela negra es eso, es una novela polisémica donde ni el detective es tan bueno ni el asesino es tan malo, entonces retrata muy bien la ambigüedad moral de los tiempos en que vivimos.

¿Cómo lo marca a usted “Sendero Luminoso” y, por qué exorcizarlo en la literatura?

Me arruina la vida, a mí y a todo el mundo durante muchos años. En mi caso, que vengo de una familia de militantes activistas de izquierda que creían en la revolución, destruye toda esa mitología de la revolución, y creo que destruye de paso a toda la izquierda del peruano, que aún no se ha podido recuperar. Sendero logró que Perú fuese uno de los países más conservadores de esta región, igual que la guerrilla colombiana logró que los presidentes sigan siendo los nietos y sobrinos de expresidentes en Colombia. Los grupos guerrilleros muchas veces han logrado que las sociedades se hagan más conservadoras. En mi caso además es un trauma infantil, es algo muy duro que viví de niño, y escribir sobre eso es una manera de quitármelo de encima, lo que haces cuando haces terapia: agarrar tus traumas, tus cosas más profundas, y sacarlas. Salir para liberarte de ellas, y esto es lo que haces cuando escribes una novela, agarras estas cosas que te obsesionan, estos demonios que tienes y lo sacas y así eres un poco más libre cuando termines de escribir.

¿Abimael Guzmán también fue un demonio que pudo liberar?; con el texto La cuarta espada.

Sí, para mí el periodismo es igual de placentero, de interesante, igual de personal que las novelas, me gusta contar historias. Si son inventadas o reales me es indiferente, cada cosa tiene sus reglas y sus herramientas, pero me interesan por igual.

¿Y cuáles serían las reglas de la literatura y el periodismo en tu caso?

Las reglas del periodismo las conoce todo el mundo: veracidad, rigor, contrastar los hechos. La ficción tiene una gran ventaja y es que no tienes reglas, una novela es casi cualquier cosa entre Guerra y paz de Tolstoi y Seda de Baricco. La libertad es mucho mayor, pero la realidad tiene una fuerza que me interesa también y que muestra otras cosas. La cuestión es distinguirlas muy bien, creo que si tú metes un poquito de ficción, ya es una novela, es ficción, no hay términos medios.

El fiscal de Abril Rojo y de Pena Máxima es un personaje muy tuyo; pienso en este momento en “Mario Conde”, un personaje de Leonardo Padura que también ha estado en casi toda la saga de la literatura policíaca de él. ¿Por qué acudir a un personaje tan particular, tan lleno de contradicciones para hilar historias?

Supongo que Chacaltana representa un poco mi propio estupor, ante el horror. Es un personaje muy inocente que se encuentra sus dos libros ante historias terroríficas y es algo que nos ha pasado a todos los latinoamericanos, y por eso es un personaje tan popular. Los colombianos lo saben bien, de repente nos encontramos con barbaries espantosas que no podemos explicar, y que exceden nuestra imaginación; todos perdemos la inocencia varias veces. El fiscal la pierde una vez por novela, y nosotros perdimos la inocencia con el comunismo, con el liberalismo, la seguimos perdiendo cada vez que podemos. Es un personaje que es muy cercano a los empleados públicos que conocemos. Yo fui empleado público y está inspirado en mucha gente que conocí y que después me he dado cuenta que es muy parecida en todos los países de América Latina.

¿Cómo contar una novela como Pena Máxima, un tanto distanciado de los hechos históricos?; es decir, está situada en finales de la década del 70, pero no es una época que vive Santiago

Pero es una época que vive mi familia; mis padres, nosotros fuimos exiliados, mi padre fue político durante muchos años, es un político hasta ahora, aunque de diferente manera. Gente fue desaparecida, torturada, yo me llamo Santiago, por Santiago de Chile, por haber nacido después del golpe de estado de Pinochet. Todo eso en casa se emanaba, se respiraban, todas las historias que cuenta este libro son historias que estaban en casa para mí. Todas las historias que cuento tienen que ver con mi vida personal, incluso las políticas no las cuento porque son políticas sino porque tienen que ver con mi vida personal: si no tienes un compromiso personal con lo que estás escribiendo, no tienes nada, no puedes trasmitir ninguna pasión por lo que cuentas.

¿Con qué autores dialoga en sus libros Santiago?

Depende del libro, cambia de influencias de un libro para otro, son tan distintos entre sí. En la Pena máxima, supongo que toda la tradición de la novela negra americana y también de la literatura de la violencia latinoamericana, como Bolaño, Vargas Llosa, Incluso Héctor Abad narra la violencia. Ahora mismo creo que hay en muchos autores de mi edad, ganas de escribir, ya no como se hacía en los 60 o 70, épocas del dictador, sino todo lo contrario, de la pequeña persona al a que le pasa por encima la historia. Y eso ocurre con Juan Gabriel Vázquez, Guadalupe Nettel, Patricio Pron, con Zambra, y es imposible hacer una lista corta de las referencias, son demasiadas.

¿Con cuál Latinoamérica sueña Santiago?

Con cosas más bonitas (risas). En realidad todo es mejor que hace muchas décadas, la economía está mejor, la gente que antes se agarraba a balazos ahora se grita y se insulta, pero solo se grita y se insulta en los parlamentos. La democracia se extendió casi por toda la región, excepto Cuba, y creo que vivimos en países mejores que los que había antes. Con que sigamos mejorando, ya me vale, me parece que está bien así.

Cuando estaba confinado en su propia casa, por las balas, por las bombas de Sendero luminoso ¿En qué se refugiaba?

Mi papá tenía muchos libros, viejos, clásicos, juveniles, también tenía novelas policiales, Agatha Christie, luego rápidamente empecé a leer a los del boom latinoamericano y la tele. No había más.

Para terminar Santiago, hay distinciones entre ser un literato para jóvenes y niños, y ser un literato para adultos. Cómo contar historias duras, que narran la violencia, y luego historias para niños.

Es muy distinto, si el gran escape, en vez de tener animalitos de un zoológico tuviese coreanos en el arte, sería una novela política, solo cambia el maquillaje. El resto es igual.

Por John Harold Giraldo