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No puedo más de portadas de nieve con unas gotitas de sangre.

Entrevista a: 
Hill, Toni
Fecha: 
26/09/2012

- Como joven psicólogo asistió a niños en edad escolar con déficit de atención. ¿Le aportó algo esta experiencia al éxito de escribir sobre jóvenes en conflicto?
- Estudié psicología por la manera de mirar el mundo, para intentar entenderlo. En la obra yo quería hablar de unos chicos jóvenes de buena posición que se meten en una serie de líos y que además comenten un error que desencadena una serie de consecuencias. De manera que pensaba cómo articular la trama para presentársela a un editor y que me dijera “me interesa”. Jamás pensé que vendería.

- Pero la obra no es un thriller psicológico.
- Es una novela negra y específicamente, un policíaco psicológico en el que importa quién lo hizo, porque hay un enigma a descubrir, pero vas siguiendo a los personajes y te das cuenta de que las cosas solo podrían haber sucedido así según la psicología de cada personaje; tuvo que hacerlo así y de ningún otro modo. En la novela al final llegas a comprender a todos. Incluso a la persona que comete los asesinatos. Hay un momento en el que decís “yo en su lugar, a lo mejor lo hubiera hecho”. Bueno, yo quiero conseguir eso, que como lector sientas una empatía con cada personaje.

- ¿Es el protagonista Héctor Salgado como el investigador emblemático de la ciudad de Barcelona quien sitúa la obra entre los Policiales?
- Me apetecía crear un investigador que pudiera situarse en Barcelona, que desde hace años que no tiene un referente. Manuel Vázquez Montalbán escribió en los ´80 y la ciudad ha cambiado muchísimo; ya no tiene nada que ver con la Barcelona de La Transición. Y por otro lado, hoy tienes a los autores que hablan de la Barcelona gótica, inventada completamente y que nunca existió, de principios de siglo pasado. Yo quería una Barcelona actual en la que se vieran que esos personajes existen.

- Lo ideó en Barcelona y en contraposición a los autores nórdicos.
- Sí porque no puedo más de portadas de libros con nieve con unas gotitas de sangre (ríe). Encima siempre hace frío y viven siempre en la isla de Gotland, que está azotada por los vientos (carcajadas). Digamos que la sensación de calor y de agobio de Barcelona puede ser igual de opresiva que el frío. En las ciudades suecas y noruegas parece que todos están encerrados en sus casas como si eso generara secretos; pero los secretos existen en todas partes.

- ¿El agobio pasa por la trama y los personajes?
- Es personal y psicológico. Está claro que Stieg Larsson significa un cambio pero detrás de él comenzó a publicarse en España una cantidad inhumana de autores nórdicos; y algunos no eran buenos.

- ¿Pensó en un investigador que fuera periodista o detective y no policía?
- Nunca creí demasiado esto de quienes de repente se ven envueltos en crímenes, como Jessica Fletcher. Y los detectives privados mueren de aburrimiento; además de que es lo más fácil porque no hay reglas y se manejan solos. Sé que para Argentina suena raro porque no es el camino de la investigación pero para mí, quienes trabajan con crímenes son policías. Igual, en la realidad los policías no interrogan, pero esas son convenciones de género que nos podemos permitir.

- ¿Por qué el policía Salgado es argentino?
- Barcelona está llena de argentinos, pero no solo de ahora, de la crisis de 2001, desde antes. Y yo necesitaba a alguien que viera a Barcelona desde afuera pero que tras dos décadas allí, sintiera la ciudad igual que yo. No me servia del resto de España porque tenemos prejuicios asociados. Además por una cuestión práctica; si alguna vez tengo que hacer referencias a Buenos Aires, al menos conozco la ciudad. Y el tópico del argentino para nosotros es un tipo seductor que tiene una cierta gracia y un punto melancólico. Y a mi me generaba un personaje que me resultaba atractivo.