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Sandrone Dazieri: “Yo soy neurodiverso, como mi personaje”

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Entrevista a: 
Dazieri, Sandrone
Fecha: 
05/05/2017

Sandrone Dazieri nos quiere hacer creer que es como sus personajes, seres difíciles y atenazados por grietas terribles que amenazan constantemente su ánimo vital, pero la realidad es que ríe mucho más que ellos. Risueño, abierto, buen conversador, de mirada infantil y pluma nítida, Sandrone Dazieri ha venido a España a presentar El ángel (Alfaguara), la segunda entrega de la serie que protagonizan Dante y Colomba, una versión extrema de Sherlock y Watson del siglo XXI. Dante es neurótico, agorafóbico, adicto a los fármacos, enormemente deductivo y sincero hasta la crueldad. Colomba es mujer, claro –hoy no podría ser de otra manera-, eficaz y conocedora de los límites que quiere pero no quiere saltar.

Dazieri (1964, Cremona, Italia) nos recibe en el Hotel de las Letras de Madrid rodeado de botellas de agua y tazas de café como las que –cuenta- va dejando en su casa para tomarlas cuando se las encuentra, aunque el líquido esté frío. “Hago una cafetera grande, adoro el café, a todas horas, viejo o nuevo, lo tomo cuando me lo encuentro por cualquier habitación”, cuenta. Su libro es una representación del espagueti crime, esa nueva novela negra italiana que se acerca más al thriller norteamericano y al lenguaje televisivo que a las viejas esencias mediterráneas de Camilleri. Lo va a explicar. Y también sus propias heridas que, en palabras de su psiquiatra, le hacen “neurodiverso

PREGUNTA: Usted viene del país de Camilleri, pero parece un heredero de Stephen King o Sherlock Holmes. ¿A quién debe más?

RESPUESTA: Es muy difícil elegir, he leído tantísimo en mi vida, he visto tanta televisión, cine, leído tantos ensayos, que todo se ha convertido en parte de mí, pero si tuviera que elegir un padre es Stephen King. Él no lo sabe (bromea) pero es mi mentor. Empecé a escribir después de leer Misery, la historia de un escritor al que secuestra su fan número uno, que le obliga a escribir. Era una historia vinculada a lo que los escritores tenemos dentro, algo que nos obliga a escribir cuando al mismo tiempo nunca estamos satisfechos. Yo no sentía entonces que estaba a la altura, pero empecé a escribir y se convirtió en mi trabajo.

P: Antes de eso Dazieri era cocinero, desde los 17 años ha hecho “espaguetis de tinta de calamar en todas partes” hasta que se instaló en Milán. Se escapó de casa, vivió en casas okupas, ha participado en movimientos sociales y ha hecho casi todo.

P: ¿También poesía?

R: No, porque era cocinero, soy poco instruido para la poesía. Mi formación es muy de novela negra porque desde pequeño leía los libros de mi madre, que compraba noveluchas negras en el quiosco, y es un género que te permite hacer muchas cosas diferentes: ser irónico, divertido, dramático, dar miedo, contar el mundo, inventarlo, reinventarlo. Por eso es el instrumento que utilizo para contar las cosas.

Siempre ha escrito thriller y novela negra, cuenta, pero no todos sus libros están hechos de la misma manera. En su serie anterior, el protagonista era un detective esquizofrénico cuya segunda personalidad despertaba e investigaba mientras la primera dormía. “Era más irónica y contaba más lo que pasaba en el Milán de los bajos fondos”.

“Cuando yo llegué a Milán no tenía casa, ni dinero, primero viví por la calle, en una estación de tren, y luego empecé a okupar, era okupa de apartamentos, era parte del movimiento de centros sociales. Tuve problemas con la ley y mi personaje representaba este mundo”, relata. “Luego entendí que ese género era muy uniforme, contaba las cosas siempre de la misma manera y me fui hacia el thriller. Cuando empecé con la novela negra, de misterio, era el lenguaje del compromiso civil: algo no funcionaba pero como sociedad civil nosotros lo íbamos a cambiar. Hoy ya no creo en eso. Hoy creo que el mundo es terrible, tengo que contarlo y a la vez que se divierta el lector”.

P: ¿Y cuáles eran los libros favoritos en la colección de su madre?

R: Mi madre tenía toda la serie negra (Gialli, en italiano) de Mondadori, una colección que nació en los años treinta y que vendía cientos de miles de ejemplares, millones, en los quioscos. Los mejores autores pasaron por ahí: Chandler, Simenon… Entonces lo comprabas, lo leías y lo tirabas porque daba vergüenza, era una literatura de segunda. Pero mi madre los cambiaba. Iba a un mercadillo tras juntar cien, por ejemplo, y por cada dos le daban uno nuevo.

P: ¿Le debe a su madre esta vocación, entonces?

R: Sí. ¡Y 40 años después me convertí en director de esa serie negra de Mondadori!

Lo dejó en 2006 porque no quería pasar la vida en reuniones de gestión, presupuestos y recursos humanos. Ahora solo escribe novelas y series de televisión.

P: Pero prefiere la literatura…

R: Síiii –alarga la respuesta para que no quepa duda- porque cuando escribes un libro es solo tu historia. Una serie es tuya y además del director, del productor, del actor… y tú estás en medio. Tienes que gestionar a todos, regañar al director cuando se va de madre, odio a los directores (ríe).

P: ¿Qué hay de usted en su personaje, Dante?

R: Todos mis personajes están inspirados en mí, en realidad. Yo uso para escribir el método Stanislavsky para los actores, me tengo que meter dentro de los personajes. También soy Colomba, me planteo: si fuera una mujer, si me hubiera metido policía y tuviera estas experiencias ¿Qué haría, cómo reaccionaría? Si hubiera estado encerrado 20 años ¿cómo reaccionaría? ¿Y si fuera un loco…? Tengo que meterme en el pellejo de mis personajes y si no lo logro no puedo escribirlo porque se convierte en algo falso. Y Dante tiene muchas cosas de mí. Es más guapo, diez años más joven, más inteligente, pero hemos nacido en la misma ciudad, Cremona, y los dos somos neurodiversos, diversamente neuróticos (ríe). Es el término que usan las asociaciones de autistas para distinguirnos de los neurotípicos. Los neurodiversos son los que ven la realidad de forma diferente a lo normal. Algunos están muy mal, como los autistas graves que no pueden vivir solos y otros… nos bandeamos… Yo soy de los que me bandeo.

Dazieri llevaba 16 años de psicoanálisis cuando su analista le mandó al psiquiatra. Éste le dijo: “Está claro, tienes una relación autista con la realidad. No eres autista al 100 por cien pero tienes una estrategia autista con el resto del mundo y esa es tu forma de funcionar. Es como si yo crease una distancia con el resto del mundo para estar dentro de mi mundo interior. A veces tengo problemas de relación con las personas, con la gente, ahora estoy un poco mejor porque me llenan de pastillas pero he aprendido a hacer esa separación”.

La ejerció por última vez hace dos semanas, cuando murió su madre y se dio cuenta de que aplicaba inmediatamente su “estrategia autista”. “Me convertí en terminator, actué sin sentimientos, los sentimientos estaban ahí, sabía que estaban ahí, pero yo no los tenía en cuenta. Mi hermana, mis parientes estaban fatal y yo sin embargo estaba como si hubiera muerto alguien que no conocía. Y claro, tienes que aumentar las pastillas rápidamente porque, si no, no logras superarlo, pero yo entiendo mucho a Dante”.

P: ¿Y por qué se fue de casa?

R: Porque ya entonces tenía un poco de neurodiversidad, necesitaba escapar, desde pequeño tenía muchos problemas de relación con otros chicos de mi edad y pensé que escapar me permitiría volver a empezar... pero seguí escapando hasta que me casé (hace once años). He estado en muchísimas casas, ciudades diferentes.

También se escapó porque quería ser escritor y buscaba experiencias. “Si me hubiera quedado en casa habría ido al instituto de mi calle, habría trabajado en un banco… Pero quería aprender del mundo para luego traducirlo en escritura”.

P: ¿Cree que hay una nueva novela negra italiana? ¿Hay un espagueti crime?

R: Si funciona como espagueti western ¡bienvenido sea! (ríe). En Italia, hasta los noventa, los libros de misterio escritos por italianos no tenían mercado, eran como un derivado de lo americano, lo francés. Entonces llegó una nueva generación, de la que yo también he sido parte, y tomamos la técnica de los escritores internacionales que nos gustaban, pero para hablar del presente de Italia. Yo, de los bajos fondos. Carlo Lucarelli, de Bolonia. Massimo Carlotto, de la mafia del noreste, Camilleri, de Sicilia… y era muy interesante esa fase porque más allá de resultados artísticos, tal vez discutibles, había una innovación auténtica. La gente leía estos libros y decía, caramba, el mundo es peor de lo que pensaba, hay lados oscuros. Hoy en día y desde la mitad de los 2000 la novela criminal ha tenido mucho éxito en Italia, por ejemplo Camilleri. El problema es que se impuso un modelo que se replicó muchísimo: el misterio asegurador, tranquilizador. Camilleri es un gran escritor, estupendo, sus personajes son fabulosos, pero no es inquietante, no inquieta al lector. Cuenta historias de un lugar que no existe, se sabe que existe la mafia pero no se ve demasiado. Y todos los demás que vienen después parecen Camilleri de segunda. Las historias son siempre iguales: comisario de mediana edad, amante de la buena cocina, que investiga en su localidad, en su pueblo. El 20% de la novela es la investigación y el 80% son sus asuntos: está durmiendo, escucha el despertador y luego el teléfono, su asistente en comisaría normalmente es un idiota, le informa de que ha pasado algo. Se levanta, se viste, piensa en su hija, un problema con su novia, empieza a contar lo que ve, aquí voy a tomar café, aquí voy a comprar pan… y luego surge el cadáver. Y no digo que este modelo esté mal, pero no es el único, hay que cuestionar lo que sucede. Otros autores hacen otras cosas, también son buenas, pero ambientan su historia en el fascismo, el imperio romano… para no afrontar las contradicciones del presente, porque es mucho más difícil hacerlo y asumir el riesgo de posicionarse ante la realidad. Y luego otros hacen thriller, cosas más inquietantes, más fuertes, y espero que esto rompa un poco esta homogeneidad. Yo lo he intentado al menos con mi libro anterior (No está solo, Alfaguara).

P: ¿Y cómo define lo que usted pretende?

R: Es thriller contemporáneo. Técnicamente parte de distintos escenarios, de varios puntos de vista que cuenten la historia y el lector entiende lo que sucede a partir de la contraposición de presente-pasado. En El ángel te voy a decir rápidamente quién es el asesino, pero tú tienes que entender por qué. Lo que escribo tiene que partir de una impresión fuerte de algo que sucede en el presente.

Esa impresión se la causó el atentado contra Charlie Hebdó y la huida de sus autores, los hermanos Kouachi, que se dejaron misteriosamente el carné de identidad de uno de ellos en el primer coche en que escaparon. Aquella casualidad le llevó a Dazieri a cuestionar las versiones oficiales. “Lo que cuentan los servicios secretos y la policía es lo que nos quieren decir. Puedes creerlo o no”.

El ISIS, dice, “es una franquicia del terror”. “Yo ahora salgo de aquí, mato a alguien y digo que soy del ISIS y nadie lo va a cuestionar porque el ISIS lo va a reivindicar. Hay entre ellos homosexuales, alcohólicos, hay violentos contra las mujeres, delincuentes y no es que dediquen precisamente su vida a crear el Estado Islámico”. En Italia un hincha de la Juventus se suicidó y un año después se supo que trabajaba para los servicios secretos para encontrar infiltrados de la mafia. “Lo curioso es que en las siete horas anteriores al suicidio hubo un apagón de todos los servicios de comunicación de los servicios secretos y sus últimas llamadas no se grabaron. Tal vez es cierto o tal vez nos están contando una historia diferente. Lo que intento hacer en los libros es hablar de mis dudas, no dar respuestas”.

Dazieri trabaja a fondo ese territorio, el de la duda, y, créanme, no está dispuesto a darnos un respiro.

Berna González Harbour