Así trabajan los expertos en conducta criminal de la Policía y la Guardia Civil

Fecha: 
17/02/2018

John Douglas se unió al FBI en 1970, siete años después fue trasladado a la Unidad de Ciencias del Comportamiento, donde creó el programa de Perfiles Criminales. Durante 25 años revolucionó las técnicas para estudiar las mentes de los asesinos en serie y en 1995 contó su historia en Mindhunter, un libro que Netflix convirtió en serie de éxito a finales de 2017.

«A veces la única manera de atraparlos es aprender a pensar como ellos».

En la primera planta del viejo Parque Móvil de la Guardia Civil, en Madrid, está la Sección de Análisis de Comportamiento Delictivo (SACD) de la Policía Judicial, los primeros mindhunters españoles. El departamento abrió en 1994. En su oficina hay hoy una pizarra en blanco, un cartel de un seminario ilustrado con la máscara de Hannibal Lecter, una pila de manuales de Psicología, dibujos y fotos de los hijos de los agentes y varios recortes de prensa colgados en la pared. Hay un titular que dice: «Condenado el hombre que mató y emparedó a su esposa». Y otro, más reciente, que elogia la labor del departamento en el caso de Diana Quer.

«Nuestro trabajo fue asesorar para hacer el perfil de El Chicle y gestionar cómo manejarlo antes de su detención», explica el capitán José Manuel Quintana Touza. «Teníamos que predecir su comportamiento, ver cuál sería la mejor forma de abordar su interrogatorio, cómo adaptar la respuesta policial a la persona que teníamos delante».

A la una de la madrugada del último 31 de diciembre, El Chicle confesó dónde había arrojado el cuerpo de Diana. «Hay investigaciones que te llevan a personas que a priori parecen tíos normales. Él era un buen ejemplo. Todo el mundo que lo conocía decía que era imposible, que no podía ser él, pero en cuanto rascamos un poco, cuando fuimos 20 años atrás, 30, vimos a qué se dedicaba, con quién se juntaba... Entonces piensas: espérate, que igual sí tiene color. Y acabas convencido de que ha sido él, de que no podía ser otro».

En los últimos 24 años, la Sección ha asumido cerca de 900 casos, la mayor parte de ellos testimonios de menores o personas con algún tipo de trastorno. El primer encargo del capitán Quintana Touza fue interrogar a una niña de 6 años que había sido violada por un anciano en Santa Pola, aunque recuerda especialmente la historia de aquel tipo que en 2011 secuestró a un niño y a su hermana en Torrelaguna. Violó a la niña y metió a los menores en un pozo sin comida ni bebida. «El testimonio de la pequeña describió perfectamente al culpable: era un depredador sexual».

En la SACD hay cinco agentes, más los estudiantes en prácticas que les echan una mano. Llegan de Psicología, de Criminología y hasta de Matemáticas. «Vienen un poco flipados por las series, pero se desflipan rápido porque aquí no tenemos muertos para todos. Aquí no ven cadáveres, ven excels», bromea el agente Manuel Ramos, criminólogo.

Manuel se incorporó un lunes a la Unidad y el martes tenía delante a un veterinario que se había presentado en el cuartel con la dentadura de su mujer y una versión de los hechos: que ella se había suicidado y él la había descuartizado e incinerado en un crematorio de animales. «Trabajamos más de un año en su perfil».

- ¿Existen patrones de homicidas?

Habla Manuel Ramos: «Tenemos estadísticas de todos los casos resueltos y se intentan determinar patrones de conducta en la comisión de delitos para aplicarlos después, pero cada individuo es único».

Habla Quintana: «El comportamiento nunca se puede predecir al 100%. No es como las series. No haces así (chasquea los dedos) y sabes que es varón, 25 años, rubio. Nosotros acotamos el rango, pero nunca vamos a llegar al DNI del tío».

- ¿Se puede empatizar con un asesino?

- Se debe. Pero depende del objetivo que persigas. Nunca hay que perder de vista el objetivo y si para conseguirlo, tengo que empatizar con el malo o darle un abrazo, pues lo haré. Es como una partida de ajedrez, hay que ganarles, anticiparnos. No se trata de saber cómo haría yo lo que él ha hecho, sino cómo lo haría yo si tuviera la historia de vida que tiene él.

- ¿Han aprendido algo de series como Mindhunter?

- Se aprende más del comportamiento humano en First Dates que en cualquier serie. Es un programa fantástico para sacar perfiles.

- ¿Cuál es el más complicado?

- El psicópata: el listo, frío, calculador... El que no tiene absolutamente apego por nada ni por nadie.

- ¿Y existen?

- Claro que existen los psicópatas, pero la mayoría no son asesinos, trabajan en bancos. El perfil de tío que no se deja llevar por los sentimientos, que prima su beneficio personal sin importarle a quien pisar, está muy normalizado en la sociedad capitalista actual.

El ejemplo de los banqueros (y los políticos) psicópatas nos lo ponen también en el Complejo Policial de Canillas, Sección de Análisis de Conducta (SAC). Aquí el mindhunter se llama Juan Enrique Soto, un psicólogo que se metió a policía cansado de preparar test psicotécnicos para el carné de conducir.

Desde 2010 dirige una sección con cinco agentes (tres mujeres, dos hombres). Su pizarra también está en blanco. «Quitamos las fotos sangrientas cada noche porque vienen a limpiar y nos obliga la Ley», explica. En un corcho hay un mapa de A Coruña marcado con varias chinchetas de colores, un Pocoyó al lado de la foto de una sábana empapada en sangre, el texto de un anónimo y una guía para descifrar la comunicación no verbal durante un interrogatorio. Elevación de barbilla, levantamiento del labio superior, depresión de esquinas del labio.

La experta en la materia se llama Alicia. «Un interrogatorio de dos horas son dos semanas de trabajo», cuenta delante de un mac en el que examina fotograma a fotograma cada movimiento muscular en un testimonio, microexpresiones que el ojo humano no puede captar. «Es fácil saber si alguien te miente, lo difícil es saber por qué lo hace. ¿Cómo sabemos si es el autor del crimen o si quiere esconder que esa noche no estaba en su casa viendo el fútbol, sino con su amante en el pueblo de al lado?».

Su jefe, el inspector Soto, creó el Método VERA, una pauta para elaborar perfiles psicológicos de agresores desconocidos que ya han importado Policías de otros países. Toda la información de un delito se puede agrupar en los datos sobre la víctima (V), la escena (E), la reconstrucción (R) de los hechos y el autor (A).

Soto abre la carpeta «casos cerrados» de su ordenador. Pederasta de Ciudad Lineal. Doble click. Cada dato tiene un código y un ordinal. Es varón. 35-40 años. Tiene un Toyota. Le sudan mucho las manos. Va al gimnasio. Dicen los expertos que una persona suda hasta 30 minutos después de hacer ejercicio. Gimnasios de la zona. 30 minutos de distancia. Bingo.

«El comportamiento es impredecible, puedes lanzar una hipótesis pero ni siquiera los del tiempo, que manejan unos algoritmos de la leche, son capaces de acertar siempre. Lo que está claro es que cuanto más sabemos de una persona más fácil es predecir lo que va a hacer». Habla Soto, por ejemplo, de José Bretón. «Analizamos horas de grabación y en nuestro primer informe ya dijimos que estaba plenamente implicado y que se había cargado a sus hijos. Bretón era un tipo muy complicado, un individuo con rasgos psicopáticos. ¡Que estaban haciendo la inspección en Las Quemadillas y el tío quería poner unas sevillanas para amenizar! Era la leche».

- ¿Es el ser humano malo por naturaleza?

- No sé si el hombre es malo por naturaleza, pero sí sé que cuando quiere hacer maldades le salen y que la realidad supera a la ficción con creces.

El policía recuerda ahora el caso de una chica de Sevilla que intentó suicidarse, se despidió, se tomó sus medicamentos y se marchó a un parque a morir. Mientras estaba en el parque, inconsciente, llegó un tipo y la violó con tal fuerza que la chica murió por las agresiones. El forense determinó después que la dosis que había tomado la joven no era letal. «Si el agresor en lugar de violarla, hubiera llamado al 112, esa chica se habría salvado».

Belén también es psicóloga en la Unidad: «Cuando das con un psicópata, sí crees haber visto el mal en estado puro. Pero, al final, la mayoría son personas que sienten tristeza, que tienen remordimientos. Entiendes que sus circunstancias vitales le han llevado a cometer un hecho».

Dice Soto, como decía también el capitán Quintana en la Guardia Civil, que son conscientes de que trabajan con lo peor de la sociedad, con «monstruos», pero también de que no todo es malo ahí fuera. «Es muy difícil trabajar con el sufrimiento de las personas pero intentamos relativizar porque, si no, este trabajo sería insoportable», admite.

«Para trabajar aquí también hay que tener cierto perfil, comparte Quintana. «Hay que ser empático con la víctima pero nunca simpático, no puedes llegar a sentir que ella siente. Hay que poner distancia y saber resetear. Aprendes a hacerlo y el que no aprende no aguanta en esta Unidad».

«¿Qué hay detrás de un tío que va, se compra una sierra mecánica y aprovecha el primer día que ve a sus hijos para cortarles la cabeza? ¿Es maldad?», se pregunta Soto. «Ni puñetera idea. Llámalo como quieras... No creo que haya modo de comprenderlo».

«A veces gana el dragón», escribía el agente John Douglas. «Hacemos lo que podemos para que cada vez gane menos, pero el mal que representa no desaparece».